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Cada europeo genera unos 10 kilos de basura por persona y semana. El dato puede no decirnos gran cosa, pero quizá nos resulte más revelador saber que ese mismo europeo agota cada semana 1.000 kilos de recursos empleados para fabricar los productos que consume.

Sin duda, la mejor manera de reducir el volumen de residuos es evitar que se produzca: “el mejor residuo es el que no se produce”.

La desmaterialización puede entenderse en el sentido de hacer un uso racional de las materias primas, a través de un diseño más eficiente de los productos, el llamado ecodiseño, o la reducción de la intensidad en el uso de los materiales para su fabricación, mejorando la eficiencia de los procesos y disminuyendo la cantidad de residuos generados. Es necesario para conseguir este objetivo hacer prevalecer los productos fabricados con un diseño sostenible que evite la generación de residuos innecesarios.

En estos términos la desmaterialización afectaría a la industria, pero también a los consumidores, que pueden también economizar los materiales necesarios para cubrir sus necesidades, sustituir materiales o productos más pesados por otros más ligeros y apostar por la reutilización de los productos. En definitiva, poner freno al despilfarro de recursos mediante un tipo de consumo más responsable, priorizando las compras al por mayor, lo público sobre lo privado y convirtiendo el producto en servicio. Por ejemplo, utilizar un servicio de coche compartido, también el alquiler de herramientas de bricolaje a nuestro vecino o compañero de trabajo en lugar de comprarlas y otras medidas imaginativas en aras de la conservación medioambiental.

Si se consigue el objetivo de producir más con menos, la desmaterialización contribuye a la ecoeficiencia, ajustando los recursos necesarios a nuestras necesidades. Aplicada a los procesos industriales sus ventajas se amplían, no sólo al ámbito medioambiental, sino también al económico para los productores, ya que se utilizan menos recursos ambientales y menos energía en los procesos de producción, reduciendo los residuos y desechos y aminorando los efectos de contaminación.

Es indispensable que, como sociedad, mejoremos nuestros hábitos y que evitemos también el despilfarro alimentario. En este sentido es importante controlar las fechas de caducidad de los productos e incorporar el compostaje para el tratamiento de los residuos dentro del hogar.

Entre los principales beneficios de la desmaterialización encontramos los siguientes:

          Disminución de los costes de producción.

          Utilización de los recursos naturales de forma más responsable y sostenible.

          Reducción de contaminantes y gases de efecto invernadero.

          Contribución a minimizar el cambio climático.

          Aumento del nivel de competitividad e innovación productiva.

          Apuesta por el reciclaje y la reutilización de los desechos.